La poesía como escuela cotidiana
IMPULSO/ Francisco Javier Estrada
“Regalo de un poeta” es el libro que he encontrado en el evento que se hace en lo que es la entrada principal al Auditorio Nacional, en la Ciudad de México. Un regalo por las palabras que aparecen en dicho texto que mucho me maravillan. No hay como el lenguaje de los poetas para admirar nuestro propio idioma.
Es un privilegio leer en la lengua en que escribieron poetas como el chileno Pablo Neruda, el peruano César Vallejo, el argentino Jorge Luis Borges, los mexicanos Carlos Pellicer y Octavio Paz, el nicaragüense Rubén Darío, el colombiano Álvaro Mutis, de nuevo los chilenos Vicente Huidobro y Nicanor Parra.
Sí, leerlos en nuestro idioma debería de ser tarea diaria en las cientos de miles de escuelas que tiene Latinoamérica; si contamos a la península Ibérica, pienso en poetas como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, León Felipe, Rafael Alberti, en fin toda esa pléyade que se llamó Generación del 27’ en España.
Del siglo pasado nos viene lo mejor de la lengua castellana y enriquecida por los países de este continente, enriquecimiento por cierto, en la que los mexicanos no podemos sino sentir orgullo de nuestras letras por lo que hemos aportado: cuando pienso en Jaime Sabines, Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño, Efraín Hernández, Enrique González Rojo, Ramón López Velarde, Alfonso Reyes, Thelma Nava, Concha Urquiza, Griselda Álvarez y Dolores Castro.
La poesía y el trabajo que nos da el estudiarla como enseñanza de nuestra lengua en su mayor expresión debería ser tarea de todos los días. Así se que en Tlalnepantla se ha puesto como política pedagógica en recuperar lo mejor del lenguaje en la enseñanza de la Poesía, y el fortalecimiento de la memoria en nuestros niños de primaria en enseñarles de cuatro en cuatro, a través de versos con el lenguaje apropiado para su edad, que desde la familia, y fortalecido dentro de las aulas escolares por los profesores, se logre incentivar lo que la memoria debe guardar ya para siempre.
Recordemos cómo es bello escuchar a personas adultas decir que fue en su niñez que aprendieron el poema de Rubén Darío dedicado a una Princesita. O el poema admirable: “Sol de Monterrey” escrito por don Alfonso Reyes, poeta por excelencia de nuestra patria literaria.
Hoy al leer a Pablo Neruda, se que en ese municipio van por buen camino, pues en cada ceremonia escolar que tiene la Presidenta Aurora Denisse Ugalde Alegría, se lee un Poema de lectura apropiado, en la primaria, secundaria o preparatoria.
Los resultados se ven en el gozo de los alumnos, en el fortalecimiento pedagógico con los profesores, y en la reflexión de los padres; que no necesitan mucho para darles a sus hijos una lectura del libro titulado “Platero y Yo”, del poeta español Juan Ramón Jiménez, y ver la alegría retratada en sus pequeños hijos.
Así. Que pensar en Pablo Neruda y sus versos sobre la Tierra en sus raíces. Por la palabra “Amor”, que se dice, se repite miles y miles de veces, y no entendemos que es ahí donde la educación debe poner el principal interés.
