Enero 16, 2026
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Síntesis mexiquense

IMPULSO/ E. F. Gallardo Sánchez

Macheteros

El domingo, se realizaron ceremonias o manifestaciones en prácticamente todo el país para conmemorar el Día del Trabajo. En Toluca, hace ya tiempo que el Gobierno estatal sacó las festividades oficiales por la falta de garantías para realizar la ceremonia. Hace años que el desfile no se realiza.

Ahora, la Plaza Cívica de Toluca es propiedad de organizaciones como la CNTE, que en la entidad no tiene mayor presencia, pero apoyada por grupos como los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Tenería, y ahora los ejidatarios y comuneros de Xochicuautla, hace sentir su presencia con demandas que nada tienen que ver con las reivindicaciones laborales. No pasó de las consignas voceadas por los manifestantes, a las que los toluqueños nos estamos acostumbrando cada día más.

En Querétaro, las cosas no fueron igual de sencillas, allí, un grupo de trabajadores apoyados por militantes del SNTE corrieron al gobernador Francisco Domínguez Servién y a los miembros de su Gabinete del templete desde donde presenciaban el desfile.

Es bueno que los trabajadores hagan sentir su voz, que exijan respeto a sus derechos laborales y que pugnen siempre por mejores condiciones de trabajo. Lo sucedido en Querétaro es un mal precedente que puede sembrar la anarquía en cualquier otro evento, y ojo, si ya sucedió allá, nada impide que pueda suceder en otros ámbitos, en otras ciudades.

Hoy, corrieron a un señor Gobernador de un evento entre gritos y consignas, mañana, puede no ser pacífica la expresión de los manifestantes.

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Todo empezó por dos caprichos

El Gobierno municipal se empecinó en retirar de la vía pública a los vendedores de flores, que siempre, cada año, colocaban sus puestos a un lado del mercado municipal. La autoridad local los reubicó en un área un poco alejada del centro, no mucho, y se cerraron al diálogo, no quisieron escuchar.

Los vendedores de flores, sabedores de que los iban a retirar solicitaron el apoyo del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, liderados por Ignacio Del Valle, quienes unos años atrás pusieron de rodillas al gobierno de Vicente Fox y lo obligaron a dar por terminado el proyecto para construir el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Los floristas dijeron no a la propuesta del Ayuntamiento y no quisieron seguir dialogando. Para ellos, era el lugar de siempre, no otro; alegaron que bajarían sus ventas y de allí no los sacó nadie.

Las dos partes se encapricharon, se negaron al diálogo, cada uno apoyado por sus fuerzas, el Ayuntamiento por sus policías preventivos y los floristas por los macheteros de Atenco.

Llegó el día dos de mayo, los floristas se ubicaron en el lugar de siempre y trataron de instalar sus puestos, pero los preventivos lo impidieron. Era la víspera de la fiesta de la Santa Cruz, una efeméride en la que los floristas aprovechaban para vender mucho.

Y lógico, lo que mal empieza mal acaba, unos floristas empecinados, apoyados por los macheteros, se enfrentaron a policías mal instruidos, mal capacitados, en un pésimo operativo diseñado desde Toluca.

La batalla campal derivó en la detención de 84 personas del FPDT, quienes respondieron tomando como rehenes a cinco policías municipales, cinco estatales y dos ministeriales, así como con el cierre de la carretera Texcoco-Lechería. Esa noche, nadie durmió.

Al día siguiente, tres de mayo, unos 2,500 elementos de la Policía Federal Preventiva y de la Agencia de Seguridad Estatal rompieron el cerco de civiles en la carretera Texcoco-Lechería y entraron a Atenco donde, con lujo de violencia, recuperaron a los rehenes y sometieron a los manifestantes.

Lo que sigue de allí, ya es historia conocida.

Recuerdo este penoso episodio en la vida de mi querido Estado de México para entender el porqué, a diez años de distancia, Ignacio del Valle y sus macheteros siguen empecinados  en impedir la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.

Es una historia no concluida que, si las autoridades federales y estatales no manejan con cuidado, con precaución, con sensibilidad y emoción social, puede derivar en actos que pueden hacer palidecer a los acontecimientos de hace diez años.

El diálogo intenso y no la provocación debe ser el ideal a seguir, es más importante la paz social en la entidad que cualquier obra, por importante y trascendente que sea.

 
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