Enero 15, 2026
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Praxis Política


IMPULSO/ Francisco Javier Estrada

Acuerdos y democracia

Los acuerdos que este país necesita son tantos, pero tantos, que pareciera que no se sabe por dónde iniciar. Los 12 años del neopanismo dejaron en la postración a la nación y no nos dimos cuenta del daño tan tremendo que hicieron en el ejercicio del poder político.

 

Que se convirtió en poder económico, desde el momento que Vicente Fox Quezada decidió hacer crecer el aparato burocrático en cientos de miles, despilfarrando la riqueza petrolera que recibió en miles de millones de dólares durante su sexenio.

No es broma, sólo hay que estudiar cómo es que Fox y Felipe Calderón Hinojosa dejaron la administración pública con salarios estratosféricos a miles de funcionarios de alto nivel, para comprender, como lo dicen los estudios de investigadores de la Universidad nacional Autónoma de México, que se ejerció el poder político y económico con un cinismo nunca visto en el México desde la independencia de la España del siglo XIX.

La historia se hace de los hechos de aquellos que son gobernantes y de los gobernados. Y nada se puede esconder, eso sobre todo deben de entenderlo los que tiene puestos de representación popular o altos y medianos cargos en la administración pública en el país en sus tres niveles: municipal, estatal o federal.

La reflexión sobre el país es una obligación de las generaciones actuales que vivimos en México, lo es más de aquellos que desde su juventud deben entender que no se puede seguir realizando los malos pasos que otros han dado para mal de México, o que por ignorancia o mala fe, han permitido que la nación se encuentre como está. 

Pedir que haya una mayor colaboración entres los distintos niveles de gobierno. Dejando atrás la soberbia y el segregacionismo, que desde los partidos políticos, clanes, facciones o sectas de todo tipo hacen del país una barca abandonada al garete, como lo desean los más malos ciudadanos.

 Pedir que este sea un México donde se realice la rendición de cuentas en todos los niveles, pues bien se sabe que este mal ha venido emponzoñando las posibilidades de que el dinero que se recibe a través de los impuestos sólo sirva para malgastarse o ser mal utilizado en beneficio de unos cuantos. 

El mapa de la República no puede soportar más esta realidad, pues sólo unidos se puede pensar en luchar por batallas ya impostergables, como lo es el cuidado del medio ambiente. Alcanzar el nuevo rostro de la nación no será más que algo nacido de las palabras huecas, que dejan en desaliento a los jóvenes y ciudadanos maduros o de la tercera edad. Pues no hay programa que se muestre con toda su benevolencia y su nobleza de metas y logros.

 Son tiempos para buscar una nueva forma de hacer política. Pero para eso se necesitan <<nuevos políticos que antepongan el amor a su patria, antes que cualquier interés ajeno al servicio del pueblo>> Sólo entonces se comprenderá que se busque lanzar a México como una potencia energética, atendiendo a los tiempos que el mundo plantea en una sociedad globalizada, donde los reductos de nacionalismo trasnochados no pueden sostenerse, si se piensa gobernar como isla.

El nacionalismo que hoy debe imperar en México es el del reconocimiento, estudio e investigación de nuestra historia. Que es una de las más grandes historia que pueblo alguno pueda presentar a los demás países.

Un nacionalismo que debe guardar las tradiciones para poder ser modernos porque se sustenta en sus mejores herencias. Pero también defendiendo estas tradiciones saber que la rectoría del Estado es algo que jamás debió de dejarse en manos de los neoliberales, que desde le época de Carlos Salinas de Gortari se atrevieron a buscar cambiar el destino de México, como país capaz de ser independiente, y que después de 30 años, nos entregaron al México dolido que hoy vivimos.

Nacionalismo y globalización en estos tiempos del país deben buscar el acercamiento, que de soberanía a nuestra patria, y para eso se necesita una nueva clase política que tenga conocimiento de los tiempos que vivimos, y de los tiempos que vive el país. Los temas están ahí, para el político que sea verdadero.

Que tenga en la palabra “compromiso” la segura posibilidad de juntar la moral con la política, la ética con el quehacer del político.

 
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