Fernando
Díaz Naranjo
Los partidos políticos, como asociaciones de interés público, cumplen
principalmente dos funciones básicas. Por un lado, constituyen entes de
atención ciudadana donde la población presenta sus exigencias o requerimientos
sobre diversos temas. Por otro lado, son representantes de la población que, al
ganar una determinada elección, por el voto de la ciudadanía, estarían
obligados, al menos en principio, a canalizar las demandas de la población
buscando su beneficio.
Sin embargo, estas entidades han dejado de representar a la sociedad, al menos,
así lo percibe la población.
Si analizamos una muy interesante medición realizada el año pasado (septiembre
de 2019) por Consulta Mitofsky denominada “Confianza en Instituciones
2019” y que en su oportunidad fue publicada en el diario El Economista,
podemos observar con claridad tres grandes rubros: las instituciones que
guardan una “confianza alta” por parte de la población; el bloque de
instituciones con una “confianza media”, y el bloque con una
“confianza baja”.
Entre las instituciones punteras en este ejercicio se ubican las universidades
y el Ejército con una puntuación de 7.3 y 7 respectivamente, en una escala del
1 al 10. Con una “confianza media” encontramos, entre otras, a
instituciones como los medios de comunicación (6.8), el INE (6.5), o la Suprema
Corte de Justicia de la Nación (6.3).
Sin embargo, las instituciones que están en el sótano respecto de la confianza
ciudadana son la policía (5.7), los sindicatos (5.5) y, adivinó usted,
peleándose el último lugar encontramos a los partidos políticos (5.4) y a los
diputados (5.3).
Ahora bien, desglosando la información de dicha medición, vemos algunos datos
relevantes tales como: A mayor escolaridad (universidad y más), se incrementa
la desconfianza en los partidos políticos (4.9). Las mujeres le otorgan menor
evaluación (5.3) que los hombres (5.5); la población arriba de los 30 años le
asignó un puntaje de 5.3, en cambio los jóvenes, aunque le da una calificación
reprobatoria, los partidos obtendrían un puntaje de 5.5.
Las explicaciones a este fenómeno pueden ser muchas que van desde promesas de
campaña de diversos candidatos no cumplidas, espectáculos que generan algunos
legisladores que dan pena ajena, el reclamo de la población que otorgó su voto
a un determinado partido y a su candidata o candidato y cuando llega al órgano
legislativo cambia, sin más, de partido, o bien, aquellos que prometieron
trabajo territorial con la gente y en cuanto ganan jamás vuelven a su
demarcación territorial entre tantos y tantos ejemplos más.
Pero para muestra un botón. El INE dio cuenta del informe final sobre el
procedimiento de revisión, actualización y sistematización de los padrones de
afiliadas y afiliados de los partidos, con corte al 31 de enero de 2020. ¿Y qué
cree? Por decir lo menos, los datos son sorprendentes.
De acuerdo con la información pública del órgano electoral nacional, en el
proceso de actualización de los referidos padrones, se llevó a cabo la
cancelación de varios millones de registros. Estas se deben principalmente a
duplicidades de afiliación que han resultado del procedimiento de construcción
de nuevos partidos políticos nacionales que, dicho sea de paso, ese es otro
gran tema.
Es importante señalar que entre el padrón de afiliados que los partidos
políticos presentaron en este proceso y, el que resultó al término de la
verificación tenemos que algunos resultaron con menos del 76% de sus afiliados,
otros menos del 50% y así sucesivamente.
Estos datos nos permiten ver que los partidos deben de reinventarse, no pueden
seguir manejando sus actividades de esta forma del cual muestro un ejemplo.
Lo más importante es que deben mirar hacia dentro en la búsqueda de ver sus
errores, no sólo electorales, y volverse a ganar la confianza de la población
que, como ya mostramos, hoy la tienen perdida.
Twitter: @fdodiaznaranjo
