Enero 14, 2026
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Analizan a la música norteña como símbolo de identidad fronteriza de México y sur de Texas

El historiador Luis Díaz Santana resaltó la importancia de esta manifestación cultural en el proceso de formación de una región y de una identidad compartida

IMPULSO/ Redacción

La música norteña ha tenido la particularidad de mantener su esencia, a pesar de haber asimilado ideas melódicas de otras músicas, manteniéndose como un patrimonio inmaterial de millones de personas en México y en Estados Unidos, afirmó Luis Díaz Santana Garza, investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

En su charla virtual La música de acordeón y bajo sexto en la frontera México-Estados Unidos, ofrecida en el Seminario Antropología, Historia, Conservación y Documentación de la Música en México, 2020, organizado por la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el ponente propuso revalorar a la música norteña como parte importante en el grupo de las músicas urbanas y hacer evidente la importancia de la franja fronteriza, especialmente el noreste de México y el sur de Texas, en el desarrollo de ésta.

En la quinta conferencia, dictada en el marco de la campaña de difusión “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, Díaz Santana destacó la relevancia del proceso de formación de una región y de una identidad compartida en dicha zona geográfica, por medio de la música, tomando como referente el caso de los conjuntos norteño y tejano o tex-mex, como también se le llama.

Tras la Revolución Mexicana, dijo, en las primeras décadas del siglo XX, en el noreste de México, una de las razones por las que se comenzó a difundir el gusto por el acordeón, y luego por el bajo sexto, fue la conveniencia de pagar pocas monedas e, incluso, comida, a uno o dos músicos, en lugar de las bandas u orquestas típicas, las cuales, poco a poco, fueron desplazadas.

“Los iniciadores de este género se dedicaban principalmente a trabajar en el campo, y la música les servía para complementar sus escasos ingresos. Antonio Tanguma Guajardo (1903-1989), pionero en la música norteña, trabajó jornadas extenuantes y esporádicamente realizaba giras, cuya paga era poca”, mencionó el doctor en Historia por la UAZ.

La conferencia estuvo basada en su libro Historia de la música norteña mexicana (Plaza y Valdés, 2015), texto que el autor tradujo al inglés y próximamente será editado en Estados Unidos; “más que exponer la historia de la música norteña, aborda el devenir musical en la frontera México-Estados Unidos”, expuso.

Así, desde Zacatecas, Díaz Santana, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, comentó que esta forma musical es una herencia de la música del Segundo Imperio: polkas, redovas y chotis.

Pese a los avances en la investigación en torno al género norteño y tejano-mexicano, refirió, probablemente nunca exista un acuerdo sobre el lugar por donde ingresó el acordeón a la zona. En este sentido, citó al etnomusicólogo tejano Manuel Peña, quien sostenía que la puerta debió ser Monterrey, pasando primero por Matamoros, argumentando el dominio económico y cultural de la capital neoleonesa, conocida entonces como la “Pittsburgh mexicana”, por su notable producción de acero.

Los músicos mexicanos tuvieron gran cantidad de obstáculos para desarrollar su labor, por lo que decidieron migrar al sur de Texas: el neoleonés Pedro Ayala, uno de los más importantes pioneros de la música norteña, radicó en Donna; el acordeonista Agapito Zúñiga —quien grabó en la Ciudad de México para la compañía Peerless—, era conocido como “El escorpión de Corpus Christi”; estas migraciones crearon hibridaciones musicales complejas.