Enero 16, 2026
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Columna Horizonte Mexiquense

Luis Miguel Loaiza

Los rankings y la descalificación, lastimosa reacción ante la incapacidad de comprender

Más allá de los problemas de política interna que padece la Universidad Autónoma del Estado de México, se encuentra la ignorancia de quienes pretenden denostar los avances de la máxima casa de estudios opinando y utilizando mediciones carentes de sustento real y de un análisis pormenorizado que pudieran realizar, no necesariamente eruditos en la materia, pero sí personas con conocimientos básicos de estadística e interpretación de cantidades porcentuales, sistemáticas y organizativas, pero en un afán de querer atraer las miradas presumen encontrar errores donde no lo dice un estudio y retroceso donde no hay cuadros comparativos reales.

Si se me permite utilizar un lenguaje más sencillo, es fácil entender que Interpretar datos depende de la capacidad analítica y la perspectiva de quien lo hace; por ejemplo, ¿ocupar la segunda posición entre 10 competidores será lo mismo que ocupar la cuarta entre 25 competidores?

Recientemente, un practicante del periodismo de opinión escribió que la UAEM cayó más de 200 posiciones en el ranking QS, al pasar del lugar 700 en 2012 al 900 en 2020. Sin duda, se trata de una lectura simplona de lo que significan los rankings para medir la calidad de las universidades, pero ¿cuál es la interpretación formal que cualquier institución de educación superior haría?  Para este análisis falta otro dato, ¿cuántas instituciones de educación superior fueron evaluadas? Resulta que en 2012 QS evaluó aproximadamente 3500 universidades, mientras que para 2020 incluyó casi 5500 en su medición. Dos simples divisiones 700/3500 y 900/5500 muestran que en 2012, de acuerdo con QS, la UAEM estaba entre el 20% de las mejores universidades del mundo y para 2020 está en el 16%, es decir, escaló 4% a nivel mundial.

Ahora bien, entre las universidades públicas estatales medidas por QS ocupa la segunda posición, solo por debajo de la Universidad de Guadalajara, cuya matrícula y presupuesto son muy superiores a los de la UAEM. A nivel nacional, la auriverde ocupa el décimo lugar, debajo de la UNAM, IPN, Chapingo, UdeG y cinco universidades privadas.

  En la clasificación Regional para América Latina, la Autónoma del Estado de México se destaca dentro de las 100 mejores universidades de la región. La primera aparición de la UAEM en esta clasificación ocurrió en 2014, año en el que ocupó el puesto 79 a nivel regional, el décimo segundo lugar a nivel nacional y el tercer sitio entre las universidades públicas estatales de México. Para 2021 ocupa el puesto 66 a nivel regional, el décimo a nivel nacional y el segundo entre las universidades públicas estatales.

Un segundo punto importante es la reputación académica. La UAEM pasó de tener una reputación académica de 18.7 en 2019 (dato más antiguo que se puede consultar en la página de QS1), a 20.2 en 2021, es decir un ALZA en su reputación académica. Si se quisiera hacer un comparativo a nivel nacional, la UNAM sin duda se lleva las palmas, con una reputación de 93.3, factor que contribuye a que esté ubicada en el puesto número 100 a nivel mundial; le sigue el Tecnológico de Monterrey, con una reputación de 41.7; la UAM, con 21.6, y posteriormente, aparecen la UAEM, con 20.2; el IPN, con 18, y finalmente, la UdeG, con 17.1. De este modo, la UAEM aparece como la cuarta universidad mexicana con mejor reputación académica.

En conclusión, la opinión sesgada de alguien que busca notoriedad pretendiendo descalificar lo que no alcanza a comprender está muy por debajo de lo que indican las mediciones objetivas. Otra posibilidad es que se trate de una opinión “al gusto” de algún cliente.

Pues el periodismo no se fundamenta en percepciones personales, intereses de individuos o grupos y mucho menos debe responder a especulaciones, cuando la labor periodística se presta a intereses ajenos al devenir informativo se contamina esta noble profesión y se exhibe algo por lo que el gremio organizado ha luchado: abatirá la mediocridad para dar paso a una verdadera profesionalización de los periodistas.