Enero 13, 2026
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Cuentos para Presidentes

La Era COVID-19

Rodrigo Sandoval Almazán

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Juan y María han sido declarados non-gratos en casa: dieron positivo en la prueba de COVID-19. Ellos sufrían discriminación desde hace años, no se les hace raro que ahora la familia les dé la espalda. Cuando decidieron unir sus vidas eran apenas unos jóvenes de veinte años (Maria 19, para ser exactos) su amor y entrega del uno para el otro les trajo consigo una gran pena:. rechazo familiar.

Ahora, cuando a María le toco cuidar a uno de sus padres enfermos de coronavirus, pensó que sería la oportunidad de regresar a casa. Su madre contrajo el virus cuando fue a una fiesta familiar, advertida y regañada, la señora de 70 años se decidió dar la vuelta por aquella reunión prohibida y casi secreta para celebrar a su hermana dos años menor. Un error, que no contarían muchos de ellos, la mitad regresó a casa portando el virus (excepto la festejada) y de ahí que la única que cuido de ella fue su hija distante.

Doña Ruth sobrevivió al tratamiento gracias a los cuidados de María. Sus atenciones fueron producto del apoyo de Juan, quien no escatimó en prestar el taxi, en comprar medicamentos, en asistir al doctor y al centro de salud para esperar a su amada esposa y su distante suegra. No hubo reclamos ni disgustos solo la buena fé de ambos.

Al final vino el contagio.

Dicen que si un familiar se contagia es casi seguro que la familia lo haga también en algún momento; no lo sabemos, dijo Juan, cuando sus amigos se lo mencionaron. El tenía un deber moral con su esposa y su suegra, por eso lo hizo. Cuando le empezaron los síntomas no estaba seguro de que fuera eso, quería convencerse de que no podría ser el virus. Pero al final le llegó la enfermedad, justo cuando Doña Ruth dió negativo en sus análisis.

María siguió el mismo camino que su esposo. Cuando les llegaron los resultados de la prueba, los dos sabían que estarían condenados al destierro familiar. Al menos hasta que pasara la enfermedad. ¿Quién los cuidaría a ellos? ¿Quién está dispuesto a hacer el mismo noble sacrificio que ellos hicieron por otros? Por ahora permanecen en casa, les llevan alimentos y medicinas, pero sólo ellos se miran y se cuidan, no saben que destino les depara , pero su conciencia está tranquila, hicieron lo que debían.

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Mario no piensa igual que María y Juan. ¿Por qué me paso a mi? Se pregunta aquél hombre que cumplidos los cuarenta años acaba de ingresar al hospital. Había librado bien la batalla en casa, recluido en el cuarto de la esquina, decía que a “pan y agua” para hacerles la broma y reírse del cruel destino, pero en los últimos días no le fue bien. Sus pulmones comenzaron a fallar y le costaba trabajo respirar, tuvo que ir a dar al hospital central militar.

No le vieron muy mal y lo dejaron mirando el techo de la sala de recepción. Un segundo antes había podido hablar y bromear con la enfermera, pero ahora sentía que se ahogaba a pesar del oxígeno que está recibiendo. Mueve los brazos, intenta llamar la atención, pero todos a su alrededor siguen ocupados, intenta tranquilizarse, piensa que así tendrá más aire y logrará salir de esta crisis. No puede.

La angustia de verse solo y sin aire parece interminable aunque sólo han pasado algunos minutos. Cuando los médicos vuelven a retomar su caso y aumentan el oxígeno, así como algún fármaco que mejora su respiración, todo parece regresar a la normalidad. Nadie sabe lo que pasa por la mente de Mario en ese momento: su vida, sus recuerdos, lo que pudo haber hecho, lo que desearía poder hacer sino fuera por esta maldita enfermedad.

Pasan las horas y se va sintiendo mejor. La medicina funciona y él siente que ha pasado de una etapa en crisis rumbo a la recuperación. Pensó que eso le pasaba por fumar a escondidas de sus padres o por tomar con sus amigos después del trabajo y llegar crudo a la oficina. No lo sabe si será el karma, el destino o simple mala suerte la que le dió por contraer el bicho, pero algo deberá aprender y pagar antes de salir de este hospital.

La era COVID-19 nos ha alcanzado a todos, dice uno de los médicos, tanto a los enfermos, como a los médicos, las personas que han perdido su empleado, sus familias. Es una guerra que tenemos que librar todos, algunos más solos que otros, pero al final es una lucha por que sobreviva la sociedad. Esta era, este tiempo, impensable, imposible para una sociedad con tanta tecnología nos toco vivir y sobrevivir.

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