Enero 16, 2026
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Praxis política


IMPULSO/ Francisco Javier Estrada

El Renacimiento

Me parece que es justo revisar, ante la publicación de “National Geografic”, con su edición especial de historia, el tema de grandes figuras del renacimiento. Es justo porque hay que comparar los tiempos que vivimos, y el cómo es que se comporta el mundo del arte y la clase política con la que convivimos, querrámoslo o no.

 

La revista la he comprado en un puesto de voceador, y me he quedado admirado de los nombres que trae: Leonardo da Vinci, Lorenzo de Médicis, Alejandro VI Borgia, Carlos V, Francisco I de Francia, Enrique VIII, Miguel Ángel, Isabel I de Inglaterra. La Europa que tanto adoramos se convirtió en un campo de arte por doquier: “En busca de la antigüedad / Entre 1524 y 1534 se levantó a las afueras de Mantua el Palacio Té, la residencia veraniega del duque Federico II Gonzaga”.

Aparece en la segunda de forros y la primera página el retrato de la pintura que se extiende seguramente por las paredes, con paisajes, animales, hombres y mujeres desnudas. Todo en un cuadro que deja con la boca abierta por su belleza. “Es la imagen, banquete de los dioses en el Olimpo. Fresco por Giuliano Romano en la sala de Amor y Psique.” Cuántas veces se recorre ciudades y ciudades del Mediterráneo, o del centro de Europa y aparece esa gloriosa época que llamamos renacimiento. Su cuna Italia, pero no fue ajena a otras partes del mundo de nuestra cultura occidental.

¿Vivimos acaso un siglo que es páramo o desierto de este tipo de personajes en las artes y en la política?… me pregunto. Pues al revisar cada página lo que me queda claro es la grandiosidad de mente que tenían los políticos convertidos en mecenas de los artistas. Y en artistas que habían bebido algún líquido especial o comido de alguna fuente de creación, pues nada les detenía en sus enormes visiones por crear arte. 

Por ejemplo, cito: “La ciudad del renacimiento / Se ha atribuido a Piero de la Francesca y a Luciano Laureana esta magnífica representación de la ciudad ideal, con todos los rasgos característicos del urbanismo renacentista.” Está sobre un Temple sobre tabla de 1480-1490, en la Galería Nacional de las Marcas, Urbino. Y con ello podemos ver la exactitud del proyecto, en todos sus rasgos arquitectónicos. Los artistas y los políticos iban de la mano para crear ciudades, edificios, pinturas, música o literatura que han de marcar a las siguientes etapas de la humanidad, sobre todo en Europa y América.

Recordemos que es la época de Nicolás Maquiavelo, el embajador y politólogo que nos dice cuál es el comportamiento de la clase política de su tiempo. La revista señala: En los siglos XV y XVI, un puñado de hombres y mujeres audaces contribuyeron a transformar el saber, la ciencia y el arte en una Europa donde, entre guerras y revoluciones, nacían los estados modernos. 

Podemos decir, en este año de 2016, en el siglo XXI, que eso es lo que está gestando el mundo de la política. ¿Qué sucede con el mundo del Arte?… si pareciera que el peligro está en la burocratización de dicho mundo. El Hombre del Renacimiento sigue siendo para nuestro siglo la mejor estrella, el mejor gurú que podemos seguir como ejemplo pedagógico, artístico y político, para ser mejores, para hacer grandes cosas que dejen huella en la vida de comunidades, pueblos, ciudades y Estados.

Los nombres de los políticos están presentes: un papa, Alejandro VI, Lorenzo de Médicis; Carlos V, Francisco I de Francia, Enrique VIII, e Isabel I de Inglaterra, son en estos más de cien años una expresión de lo malo y bueno que viene del mundo de la política. El puro estudio de esta etapa daría a cualquier buen político mexicano las estrellas que le dirigieran a sentir en grande los deseos de ser político para hacer cosas grandes. No como un dicho sin alma. Sino en el sincero sentimiento, al saber que es posible dar a su pueblo hechos y cosas que dejan huella de su paso por la ciencia que une comunidades y ciudadanos.

Que con el dinero del pueblo puede dar obras como las que crearon estos hombres y mujeres increíbles. Basta con leer con detenimiento “El Príncipe” de Maquiavelo para comprender la clase de gigantes que estaban ahí, en el mundo de la política que hacía que voltearan hacia las artes y la naciente ciencia, el mundo de los científicos, con toda la fuerza de una inteligencia colectiva asombrosa.

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