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IMPULSO/ Leo Agusto

La derrota

Ante el escenario del cinco de junio, donde los tricolores no pudieron anotar las placas del auto híbrido azul con interiores en color amarillo que les pasó por encima, resulta necesario que alguien de la talla de Jesús Murillo Karam explique a sus pares en el PRI la estrepitosa derrota en el proceso electoral con la misma creatividad narrativa utilizada para aclarar, es un decir, lo ocurrido con la explosión en la torre de Pemex en enero de 2013 o la llamada “verdad histórica” de la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

 

Difícil de entender el derrumbe del PRI en 2016, cuando, hace cuatro años, la “maquinaria” electoral estaba aceitada, recién ajustada y parecía aguantar otros 70 años en Los Pinos. Todavía en 2015, con el resultado en las elecciones federales intermedias, en el PRI pensaron que la famélica mayoría legislativa que lograron representaba un respaldo al gobierno de Peña Nieto, a pesar de los escándalos de corrupción tan conocidos: la “casa blanca” de Las Lomas, los constantes ataques a la libertad de expresión representados simbólicamente con la mordaza impuesta a Carmen Aristegui y los excesos en el uso de los recursos públicos de David Korenfeld y su taxi aéreo familiar con cargo al erario.

Pero en 2015, el PRI no estaba tan dividido como el día de hoy. La cúpula priísta desdeñó no sólo a sus cuadros políticos, también a sus bases y a sus simpatizantes. Algunos liderazgos no costearon siquiera los gastos de sus brigadistas para transporte y alimentación. Y en otros, los brigadistas del PRI pagaron con su vida la irresponsabilidad de los estrategas, como el caso de Durango, cuando dos brigadistas del equipo del derrotado Esteban Villegas, que viajaban en la caja de una camioneta pick-up, murieron al volcarse en la carretera libre Durango-Mazatlán.

El PRI de Manlio pudiera lavarse un poco la mancha de la derrota si llegara a ganar en tribunales una o dos gubernaturas. Pero hay otros personas dentro del equipo del sonorense que deberán explicar al interior su papel en el proceso electoral, uno de ellos, el ubicuo senador Arturo Zamora, secretario de Acción Electoral del CEN en Insurgentes Norte y Violeta; el zapopano ya puede despedirse de sus aspiraciones para convertirse en candidato a la gubernatura de Jalisco en 2018.

El voto de castigo benefició al PAN y a lo que queda del PRD, pero no es suficiente para ganar la Presidencia de la República en 2018, donde el puntero en esa carrera es López Obrador. El PRI, más que repartir culpas, necesita democratizarse al interior para que los efectos de esa reforma, esa sí estructural, tenga una repercusión positiva frente al electorado en las elecciones de Coahuila y el estado de México en 2017.

submarinopolitico.com

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