Enero 16, 2026
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IMPULSO/ Carlos Ravelo Galindo

Sobre la mentira (2)

El objetivo de la mentira siempre es engañar, sea con buena o mala intención. Hay profesiones en las que se usa con mayor frecuencia.

Desde el punto de vista de don Fernando, con el que coincidimos, se presenta con alta y exagerada frecuencia entre casi todos los que manejan los medios de comunicación.

Un poco menor en algunas profesiones como los abogados y los leguleyos. Empieza, dice, a descollar inusitadamente entre los médicos que persiguen con su profesión un sentido eminentemente económico. Sustituye a la vocación de servicio, obligada moralmente, entre los que ejercen esta noble ocupación.

Sobresale, añadiríamos, en forma importante, sin la más mínima vergüenza sobre todas las demás actividades, en los que se dedican y ejercen un oficio político. Esto desde luego no es nuevo, ya desde los clásicos griegos era conocido y tachada en lo general como inaceptable.

Una valiosa que se encuentra en los clásicos y que es la República de Platón, en donde limita la participación de lo que ahora equivale a los medios de comunicación y sus actores, casi siempre al servicio del poder.

Y desde entonces en forma de poetas, narradores profesionales o mitólogos ambulantes que se encargaban de distorsionar la verdad a favor de los políticos y en contra de una población inexperta en esos asuntos, según lo relata Ana María Martínez de la Escalera de la UNAM, en su excelente artículo “Mentir en la vida Política”. Referencia obligada resulta ser también el libro de Hannah Arendt con su análisis riguroso sobre el tema.

A estas referencias, hay que agregar desde luego a los dos insignes florentinos, hombres duchos en política y en el análisis de la misma.

El insigne Maquiavelo, sobre todo en su obra “La Mente del Hombre de Estado”, en donde con sentencias muy apropiadas condena los vicios de la política y los políticos sobre todo al no decir la verdad y caer en la mentira.

El otro destacado florentino es nada menos que el gran Dante, quien, en su obra, “La Divina Comedia”, condena con fuerza a los falsarios y los sitúa por ese pecado grave en la fosa diez del octavo circulo del pavoroso infierno por él relatado.

Obligadamente, hay que mencionar, para hacer justicia a su valioso pensamiento, a George Orwell, relatado por Simón Leys, quien en el libro titulado “George Orwell o el Horror a la Política” fustiga ásperamente las acciones de los políticos. Sobre todo su costumbre malvada de faltar a la verdad a través de la mentira como práctica corriente de su actividad, que lesionan  gravemente a las clases desprotegidas, añadiríamos sin sorna, pero sí con vehemencia.

Por último, hay que añadir que también salió por la cocina don Virgilio, el de los caireles.

craveloygalindo@gmail.com

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