IMPULSO/ Mauricio Meschoulam/ (Analista internacional)
Agencia SUN
“Dos semanas, ocho atentados, 247 víctimas”, dice un reporte especial del NYT. Estamos, sin duda, sintiendo fuerte el franco crecimiento del fenómeno, lo que no sólo se refleja en la cantidad de víctimas mortales, sino en el grado de exposición mediática que los ataques han adquirido. Es necesario intentar una mirada panorámica:
¿Cuáles de estos ataques pueden ser considerados terroristas y cuáles no? y, en todo caso, ¿por qué es importante saber la diferencia? ¿En cuáles de estos hay participación de alguna organización mayor? ¿En cuales opera una o varias células y de qué tamaño son esas células? ¿En cuáles opera una sola persona? ¿Qué patrones presentan los ataques recientes? Y, considerando que el terrorismo sigue aumentando año con año, ¿se está entendiendo el fenómeno, sus motores y sus potenciales vías de salida? Es obvio que, a las siempre lamentables víctimas de un atentado les es irrelevante conocer la naturaleza o móviles del ataque. Sin embargo, para quienes estudian estos atentados y trabajan continuamente en idear maneras para reducir su impacto y frecuencia, se trata de preguntas cruciales.
Primero, el Índice Global de Terrorismo de 2015 indicaba que solo 0.5% de muertes por terrorismo en los últimos años ocurría en países occidentales. Una gráfica del Washington Post, exhibe que esto ya no es así: ese 0.5% se ha convertido en 2.2%. Si bien el porcentaje de muertes por terrorismo en Occidente sigue siendo bajísimo en comparación con otras partes, estamos viviendo la sensación de cómo ese porcentaje crece. Segundo, hasta 2015, un 70% de atentados terroristas en Occidente, se llevaba a cabo a manos de lobos o atacantes solitarios. Sin embargo, hay que considerar varios elementos: (1) Noviembre de 2015 fue quizás un punto de inflexión por el tamaño y coordinación de células que supieron evadir los cercos de las agencias de inteligencia. Muchos de quienes viajaron para sumarse a las filas de ISIS, han estado regresando a sus países de origen y se han conectado con estas células, (2) El fenómeno de lobos solitarios sigue creciendo, y lo esencial: (3) Las operaciones mayores de terrorismo cometidas en países como Irak, Siria, o Afganistán, también siguen al alza.
Tercero, estas múltiples fuentes de terrorismo han detectado la facilidad de atacar objetivos llamados blandos como son espacios públicos donde hay poca vigilancia, o ésta es muy difícil de implementar. Cuarto, sea cual sea la motivación y filiación de estos atacantes, éstos han encontrado que sus atentados son hoy mucho más eficaces de lo que lo eran hace unos pocos años gracias al impacto mediático que dichos ataques consiguen en la era de los smartphones y redes sociales, lo que incentiva ataques similares.
Todos esos puntos deben considerarse en el diseño de estrategias integrales para reducir el fenómeno. Se necesita aprender de los errores y experiencias de los últimos meses y mejorar las labores policíacas y de inteligencia para detectar y desactivar células, e incrementar la colaboración entre países para reducir las brechas que hoy han quedado expuestas. Idear medidas que, sin vulnerar la convivencia democrática, reduzcan los riesgos en objetivos blandos. Estudiar más, entender y abordar hacia el mediano y largo plazos las causas raíz de la radicalización de terroristas en países occidentales, y a la vez trabajar de manera multilateral y colaborativa para coadyuvar en la estabilización y pacificación de todas y cada una de las fuentes mayores del terrorismo a nivel global, lo que incluye sitios como Siria, Irak y Afganistán, entre muchos más.
Twitter: @maurimm
