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IMPULSO/ Carmen Ponce Meléndez

Medición de la pobreza

Recientemente, el Instituto de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados del “Módulo de Condiciones Socioeconómicas” (ingreso de los hogares).

Todo un “bombón”, según este documento: el número de pobres se reduce en 10 millones y, por si fuera poco, la metodología utilizada impide que sea históricamente comparable, mejor imposible. Como quien dice “borrón y cuenta nueva”.

Por lo pronto, esto impidió que el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL) pudiera publicar su informe de pobreza para 2015 y se ha iniciado una controversia importante entre estas dos instituciones.

¿Cuál es la importancia de la medición de la pobreza y cuáles sus efectos?

Como bien afirma León Bendesky, “La medición de la pobreza es una especialidad profesional. Saber cuántos pobres existen en una sociedad, o en todo el mundo, es de interés académico, político y técnico. Medir la pobreza requiere cifras, de estadísticas y de un consenso acerca de cómo se definen, cómo se recogen, cómo se trabajan y la forma en que se presentan para ser comparables en el tiempo. Por lo mismo, tiene objetivos diversos: promover el conocimiento de la estructura y el funcionamiento de la sociedad, ganar elecciones, controlar presupuestos públicos, movilizar recursos humanos, materiales y financieros e impulsar intereses partidarios, gestionar enormes fondos de organismos internacionales y también alentar determinadas preferencias ideológicas” (La Jornada, 8 de agosto).

Ganar votos, reducir programas

En este escenario, resultados como los del documento publicado por INEGI y sus cifras caen muy bien a las elecciones del 2018 y al partido en el poder. No es casual que el primero en avalar estas cifras fuera justamente el Secretario de Desarrollo Social.

La reduccion de 10 millones de pobres es mágica porque no hay ningún elemento en la economía (crecimiento económico o del salario) que lo sustente o justifique esa situación. Argumentar que esa reducción de la pobreza se debe a los programas sociales del sexenio es una broma de mal gusto.

Un primer efecto será la reducción del gasto público asignado a los programas sociales en 2017, de suyo contemplado.

Tambien está en riesgo un importante instrumento que sustenta las decisiones de las políticas públicas, en especial la política social: la encuesta ingreso-gasto de los hogares que realiza cada dos años el propio Inegi y, por supuesto, los informes bianuales de pobreza de CONEVAL.

Claro que todo instrumento técnico-estadístico es susceptible de mejorarse, de hecho, algunos académicos y especialistas del tema afirman que las cifras de CONEVAL subestiman el nivel de pobreza en el país.

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