IMPULSO/ Carlos Carral Hernández
Para Carmencita, con cariño
Esta colaboración no está dirigida a Carmen Aristegui, no habla de cuánto nos hubiera gustado escuchar a la periodista como hace unos meses haciendo el análisis del desarrollo del Grito de Independencia, tanto para Enrique Peña como para los gobernadores de los estados, no, esta colaboración, en este caso, está dirigida a Carmencita Salinas, una de los 500 legisladores que ha dado y seguramente dará mucho de qué hablar los próximos meses.
Empezando con la parte positiva de la colaboración, debo decir que te reconocemos querida Carmen tu aportación como actriz de un género muy característico del cine mexicano, de hecho, creo que no podemos entender lo que hizo esta industria en nuestro país sin tu participación, si bien tu trabajo como el de otros encierra para muchos una afrenta para la cultura mexicana ideal, definitivamente, tus películas, tus obras y todo tu trabajo son un retrato y hasta una crítica de una sociedad desculturizada, pero, sobre todo, despolitizada.
Hagamos por favor una analogía y asemejemos nuestra sociedad, nuestro sistema político y todo lo que ello encierra, a una familia donde hay problemas y donde hay que tomar decisiones. Estaremos de acuerdo en que no basta con tener el titulo de padre o madre para tener la seguridad de que tomaremos la mejor decisión ante hijos que no quieren estudiar, que no quieren trabajar, que consumen drogas o que se andan alcoholizando, hasta en eso el simple paso del tiempo no nos da las respuestas, se requiere de algún tipo de formación, conocimiento y más sentido crítico que común.
En la política, al igual que en la familia, no basta con ganar una elección, sea de mayoría o plurinominal, los votos ni la constancia de mayoría nos da el conocimiento necesario para actuar adecuadamente en el ejercicio legislativo, tal y como ocurre con ser padre por la simple procreación; coincidiremos en que, en México, el horno no está para bollos, estamos metidos en altos niveles de corrupción, la clase política le está entregando el país a la iniciativa privada internacional, sin ponerse a pensar en las condiciones de vida que esto generará para el grueso de la población, un escenario en el que, definitivamente, lo que menos necesitamos son ocurrencias y necedades.
Lo que mi comentario encierra atenta contra el principio de igualdad de la democracia liberal, es tanto como decir que sólo quienes tienen alguna experiencia y formación en política deben participar en ella, pero tal vez en la realidad así sea, en la iniciativa privada no se habla de democracia, allí se exige que quienes dirijan a las empresas acrediten su experiencia y éxitos pasados en el logro de objetivos económicos, en este contexto, no tendría por qué ser distinto en el espacio público, creer lo contrario es condenarnos a que alguien tome las decisiones mientras los demás juegan a que hacen política.
La dieta definitivamente es atractiva, querida Carmen, pero no todo en la vida es dinero, en estos días, hay mucho en juego, incluso, aunque suene exagerado, diría que está en la tablita el ideal que tenemos de vivir en sociedad, mientras más pasa el tiempo, pareciera que ya no tiene razón de ser.
Haciendo otra analogía, y ahora que está de moda que las bancadas de los partidos renuncien a las prevendas que el cargo incluye, no me gustaría que llegarás en una contingencia médica al ISSSTE, que fueras atendida por alguien que ni médico es y que, ante el daño que te pudiera causar, mandara a todos a la chingada, retándote a ti, a tus seres queridos y a quienes reconocemos tu trayectoria como actriz, a que tratáramos de hacerle algo, con la seguridad de que nada se le hará, pues su sindicato lo respalda. ¿Qué quiero decirte Carmencita?, nada que tu no sepas, ¡zapatero a tu zapatos!, por favor, síguenos deleitando con tu trabajo actoral.
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