Enero 14, 2026
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IMPULSO/ Carlos Ravelo Galindo

Ciudad del conocimiento

Así, como Ciudad del conocimiento, se conoce a Ensenada, Baja California. Allí, ciento cincuenta líderes periodistas de los treinta y dos estados del país se reunieron el nueve y 10 de septiembre para realizar dos asambleas Federación de Asociaciones de Periodistas de la República Mexicana, FAPERMEX, y el Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE.

 

En la primera, lo fundamental, la elección del nuevo titular. Por segunda vez, recae en una dama, doña María Consuelo Eguía Tonella, de Mexicali. Recordamos a doña Hilda Luisa Valdemar Lima, de Puebla, la primera. Ambas cultas, inteligentes, dignas, pero sobre todo justas.

Y la fecha en que arrancó la federación, en Ixtapan de la Sal, con ciento veintiocho asociaciones: 18 de mayo de 2002. Con el talento y esfuerzo de Teodoro Rentería Arroyave, su primer dirigente.

Reporteros. Escritores. Radio comunicadores. De prensa, televisión, internet, radio. Todos Licenciados en periodismo y cédula profesional, expedida por la SEP, de pie, con aplauso que llenó el auditorio del hotel Paraíso Las Palmas, por aclamación unánime pidieron a “Colilá”, así la conocemos sus amigos, aceptara el encargo por tres años.

A ella acompañarán dos ilustres hombres: de Jalisco, Moisés Mora Cortés, secretario general. Y al poeta morelense Pablo Rubén Villalobos, presidente de vigilancia.

De éste último, no olvidamos la portada de su libro “Sesenta millones de Años”,  y un verso que dibuja a esta ciudad, Ensenada: “Hace muchos, muchos soles. Muchas lunas y destellos. Pensé crear sin ambiciones. Un lugar hermoso y bello…”.

Previamente en la asamblea informes de los jerarcas, que por unanimidad pasaron. Hasta que llegó.  Dijimos: “hasta que se abre la nuez, aparece la almendra”. El mensaje de vigilancia. Desafortunado. Ni bueno, ni malo. Sino todo lo contrario.

Permitió, no obstante, poner de manifiesto la pluralidad y democracia que existe en la federación. A treinta y dos el presidente de la Asamblea, don Tedy Raúl Rentería Villa,  concedió la palabra. Y en cinco  horas, uno a uno, hombre o mujer, expusieron sus razones. Respetables todas. Pero no coincidentes.

Qué hacemos con este informe, se preguntó a la asamblea. Y alguien, acaso una dama, creo que se llama Mercedes, con buen tino e indulgencia, solicitó complaciente: si no sirve para nada, votemos por reprobarla. Y sigamos adelante.

Se puso a consideración y todos, hasta el autor, se unieron a este clamor. Y sin mayor contratiempo, aplicamos, todos por aclamación, el mejor artículo: al cesto… de la basura.

Queda de manifiesto que no seremos recordados por nuestras palabras, sino por nuestras acciones. Porque la vida no se mide por el aliento que tomamos, sino por las cosas que nos quitan el aliento.

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