IMPULSO/ Norma L. Vázquez Alanís (Primera Parte)
Mesoamérica no tenía religión, sino cosmovisión, explica experta en el tema
En los pueblos prehispánicos de Mesoamérica no existía el concepto de religión como tal, y prueba de ello es que en ninguna de las lenguas nativas de estas tierras, sea el maya, el zapoteco, el yaqui, el mixteco, el seri, el náhuatl o el huave, existe un término para denominar a la religión, pues no tenían necesidad de distinguir entre lo que es y no es místico.
La historiadora María del Carmen Valverde hizo esta observación al abordar el tema de ‘Las culturas prehispánicas’ en la última conferencia del ciclo ‘Mito, religión y Occidente’, organizado por la biblioteca ‘Ernesto de la Peña’ de la Fundación Carlos Slim.
La ponente, quien tiene doctorado en Estudios Mesoamericanos por la UNAM, precisó que para tratar sobre Mesoamérica es mejor hablar de cosmovisión, no de religión, porque trasciende la esfera religiosa, ya que forma toda una manera de ser y estar en el mundo.
La cosmovisión es un hecho histórico de larga duración que va más allá del acontecimiento o la contingencia de la estructura política, del gobernante en turno e incluso de un hecho tan dramático como pudo haber sido la conquista de las tierras encontradas por los europeos, sostuvo la también especialista en historia, religión y artes plásticas de la cultura maya.
La doctora Valverde explicó que cuando se habla de Mesoamérica debe tomarse en cuenta que fueron asentamientos urbanos, no aldeanos, que datan desde por lo menos mil 500 años antes de Cristo y otros mil 500 previos a la llegada de los españoles, es decir, tres mil años de historia prehispánica en un territorio diverso y complejo, que dio como resultado una gran variedad de grupos indígenas sobrevivientes hoy día, por lo cual este mosaico es válido no sólo para esos más de 30 siglos de historia prehispánica -porque la conquista no los transformó inmediatamente- sino para la actualidad en pleno siglo XXI, cuando hay mayas o zapotecos trabajando como cocineros o camareros en los hoteles de zonas turísticas de sus estados.
Una vez aclarado este punto, la también catedrática de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, así como de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía ‘Manuel Castillo Negrete’, ambas del INAH, dijo que la cosmovisión es un conjunto estructurado de pensamiento y realidad que sobrevino en un momento determinado y pretendía hacer suyo el universo; ello dio como resultado un sistema ordenado y congruente de creencias que subyace en el imaginario colectivo de los pueblos mesoamericanos.
De esta manera, sostuvo la experta, la cosmovisión entra en el ámbito de lo sagrado, entendido este como algo que atemoriza, pero atrae, que se percibe y se intuye, pero que no es posible explicar con un lenguaje tangible, concreto y conceptual, por lo que requiere una forma específica de transmitirse a través del mito (narración), el rito (acción) y el símbolo (mecanismo de expresión). La parte más importante de esta cosmovisión, es el símbolo.
Para los pueblos de esta parte del continente, la energía generadora de vida del cosmos era un símbolo sagrado, pero como no podían asir esa energía -también provocadora de muerte-, eligieron un objeto para simbolizarla: la serpiente, que está presente en todos los vestigios prehispánicos.
Igualmente, la noche entraba en el ámbito de lo sagrado para estas civilizaciones, puesto que la consideraban un tiempo-espacio en el que había muchas cosas que no controlaban y se sentían inseguros; por esas características la noche fue representada por el jaguar, un animal nocturno que en su piel tiene manchas como el cielo en la noche; era la personificación del inframundo, apuntó la doctora Valverde.
