Enero 16, 2026
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La joya de la corona


IMPULSO/ José Rangel Espinosa*

Los antorchistas

En México en general, particularmente para el priismo, el tema del movimiento antorchista siempre ha sido motivo de polémica.

 

Desde su aparición en el escenario político en los años ochenta, su origen ha sido casi legendario, existen versiones calenturientas que lo relacionan con la guerrilla sudamericana denominada Sendero Luminoso hasta las más realistas que lo ubican como un grupo de Ingenieros Agrónomos Chapingueros -estudiantes y egresados de la Universidad Autónoma de Chapingo, Estado de México- vinculado a un poderoso grupo de políticos que obtuvo la Presidencia de la República unos años después.

En un principio, tanto Antorcha Campesina como Antorcha Popular -que sólo se diferencian por la acción rural o urbana- se caracterizaron por su radicalismo y violencia y por no tener una vinculación partidista clara.

Es hasta los años noventa cuando se autodefinen como una organización de filiación priista. A partir de ese momento, moderan su actitud belicosa pero siguen realizando manifestaciones enérgicas, inclusive bloqueos ilegales -la parte que más molesta a la población- para presionar a las autoridades cuando creen que sus demandas no son atendidas o resueltas favorablemente.

Procurando ser objetivos, diremos que Antorcha postula y defiende causas sociales legítimas a favor de los que menos tienen en los municipios que presentan los grados más altos de marginación y que participan activamente para que sus principales cuadros ocupen cargos de elección popular como diputados e integrantes de Ayuntamientos en esas demarcaciones, ello para ayudar a más personas.

En alguna ocasión, platicando con mis compañeros diputados federales y dirigentes estatales antorchistas, con Jesús Tolentino Román y Brasil Acosta, concluimos que los movimientos sociales son necesarios para asegurar los intereses prioritarios de la gente, empezando por el valor más preciado del individuo, que es la Libertad, que ésta se ve vulnerada cuando las personas no son dueñas del lugar que habitan o que no saben leer y escribir, o que un padre despierta y ese día no tiene para dar de comer a su familia, una o varias de estas carencias hacen que el ciudadano viva con miedo, y quien vive con miedo no es libre. De estas consideraciones explican su accionar y hasta tratan de justificar sus métodos para obtener tierra y vivienda, educación y autoempleo en el transporte público.

Independientemente de estar o no de acuerdo con los dirigentes y sus modos de hacerse escuchar y lograr respuestas, respecto a su filiación política, es incuestionable que deben continuar siendo parte del partido que surgió de la lucha social más importante para nuestro país, la inacabada Revolución Mexicana.

El mundo en esa época nos elogió y calificó como una izquierda progresista [sic.] y así se incubó el PRI. ¿Por qué ahora que el dirigente nacional antorchista, Aquiles Córdova, anuncia la posible salida del partido de las mayorías para algunos cuadros y dirigentes priistas les parece un asunto ligero o irrelevante?

Es acaso que en el partido, nuevamente como en 1994, se filtró y se posicionó el Caballo de Troya. Insisto en que recordemos nuestros orígenes y retomemos la lectura y aplicación de los principios básicos y eso nos dará la claridad y facilitará la decisión: que el Movimiento Antorchista siga siendo una organización priista, la que por cierto tiene mayor membresía y credibilidad que la CNC y varias centrales obreras.

Todo apunta hacia el 2018; ojo, mucho ojo.

*Ex Diputado Federal LIX y LXII José Rangel Espinosa.

Twitter @PepeRangel1910

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