IMPULSO/ María Guadalupe Colín Romero
Toluca
Justo este 2016, caigo en la cuenta de que el mes de mayo es sin duda un periodo de días cargados de emotividad colectiva, la mayoría coincidirá en que las fechas que se conmemoran son muy cercanas a nuestros círculos sociales más próximos y entrañables -me atrevería a afirmar-.
Por ejemplo, definimos que el quinto mes está enfocado a festejar la presencia de dos íconos que nadie (o casi nadie) puede ignorar, ello por el simple hecho de ser figuras imprescindibles de nuestra formación, en primer lugar, la representación de la maternidad, símbolo que, por lo menos en nuestra cultura latina, sigue teniendo una presencia ideológica, desde nuestros ancestros hasta nuestros contemporáneos coinciden que de ella se origina todo.
Destacaré la importancia de mi madre, obviamente, en mi existencia, en la conformación familiar y, posteriormente, en la influencia que ella representa, ya que entre todas las cosas que tengo que agradecerle estaáel gusto heredado por la apreciación musical.
Para empezar, dejaré claro que esta charla no enumerará las típicas canciones con las que festejamos a las “madrecitas” (no me centraré en escribir acerca de Denisse de Kalafe), este espacio lo dedicaré a recordar el ambiente auditivo que marcó etapas importantes que siempre me remitirán a mi “ma”, esperando por supuesto que a alguien en este mundo también le mueva el inconsciente; por ejemplo, desde que tengo memoria, nunca, por ninguna circunstancia, ha faltado algún material (llámese cassette, vinil, CD y ahora archivos digitales) del ya fallecido Joseph Raymond Conniff; Ray Conniff, trombonista, compositor y director de orquesta con una vasta carrera desde la década de los 50’s, sobresaliendo por los coros empleados para complementar las piezas de jazz, big band y éxitos pop/rock de las décadas posteriores. Probablemente, esa versatilidad musical, tan rica para mi oído infantil, fue lo que me atrapó para adoptar al señor Conniff como compañero cada tarde y realizar mis tareas escolares; mis favoritas para esos menesteres, sin duda: ´Tico Tico´, ´El Continental´, ´Stranger in Paradise´ o ´Red Roses for a Blue Lady´, pero el descubrimiento monumental fue una tarde de vacaciones, hurgando en el ropero de la habitación matrimonial, encontré una caja de cassette con la pose de Conniff vistiendo una chaqueta negra a bordo de un vehículo blanco, la magia surgió en el momento en que sonó el track que daba nombre al disco de CBS records del año 84: “Supersónico”.
En el transcurso de la cinta, recuerdo perfecto el arreglo de ´Olvídame y Pega la Vuelta´, original en composición e interpretación por el dueto argentino Pimpinela, grabada en 1982, la cual ha sido versionada en idiomas como portugués, inglés e italiano. Posteriormente, la composición rítmica del coro en ´Time Goes By´ (Time goes by, honey! time and love never away! Never away!.. Love, good love goes away! make your choice isn´t yes or no! say one word isn´t stay or go!) me sigue causando un revoloteo de mariposas en el abdomen, más ahora que comprendo textual su significado. Sin duda, la pista de ´El Africano´ fue la cereza del pastel, composición original del colombiano Calixto Ochoa (fallecido en noviembre del año pasado), fue lo que me dejó claro que este señor de pelo cano estaba enamorado de los ritmos latinoamericanos, si aún lo dudan, la evidencia se refleja con las repetidas participaciones que realizó en las ediciones del “Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar”.
Otros referentes que mi madre solía programar para realizar sus labores domésticas son, por un lado, el español Camilo Sesto, quien en los 80 colaboró incluso con Conniff y, hasta la fecha, sigue cosechando triunfos internacionales con temas como ´Donde estés, con quien estés´ y ´Perdóname´, ambos del disco “Amaneciendo”, publicado en 1980, eso sin contar el amplio repertorio de composiciones que Sesto escribió para Miguel Bosé, Ángela Carrasco, Lucia Méndez o José José, y que bien podrían ser material para una próxima columna.
Por otro lado, “El Poeta de la Canción”: José María Napoleón también formó parte de mi niñez con la canción ´Eres`, al igual que José Luis Perales con ´Un velero Llamado Libertad´, la canción ´Muchachita´ de Miguel Gallardo o ´Dueño de Nada´ de José Luis Rodríguez; también puedo recordar el furor de mi madre al escuchar clásicos de la época disco, específicamente de Boney M, cuarteto antillano consolidado en Holanda a mediados de los 70, que, con los movimientos de baile ejecutados por el inolvidable Bobby Farell, inmortalizarán ´Rivers of Babylon´, ´Ma Baker´, ´Rasputin´ o ´Daddy Cool´; recordando además éxitos de Bonnie Pointer como ´Heaven Must Have Sent You´, ´Born to be Alive´ del francés Patrick Hernández, pasando por la maestría de los hermanos Gibb Bee Gees ´You Should be Dancing´, ´Tragedy´ o ´Words´, hasta cambiar de ritmo con la inolvidable ´Young Turks´, que Rod Stewart lanzará al mercado en 1981.
En lo que respecta a lo aprendido en casa, creo que no terminaría de enumerar los momentos en los que poco a poco me iría haciendo de un acervo musical tan diverso en espacio, tiempo y preferencias, por ahora, cerrare aquí porque aún me falta retomar lo que se refiere a la segunda figura que celebraré.
Durante la época escolar, puedo afirmar que también la fortuna me acompañó, ¿por qué?, por el hecho de haber coincidido con profesores “de los buenos”, no se confunda con el término “barco”, ¡al contrario!, durante mi trayectoria académica, la mayoría fueron enojones, exigentes y de esos que dejaban sin recreo, pero que también en la entrega de boletas se enorgullecían del trabajo grupal ante los padres de familia; para este apartado, postularía ´El Son de la Negra´ de Blas Galindo (que desde 1940, supongo, es referente para cualquier bailable escolar), ´La Bamba´, que al parecer es una canción del dominio público jarocho (dado que no he podido constatar hasta ahora un autor), misma que inmortalizará Ritchie Valens en 1958, antes de su precoz muerte y que, décadas subsecuentes, diera nombre a la película biográfica del ídolo chicano con la película homónima, sólo que el tema principal, esta vez, interpretado por el grupo californiano Los Lobos en 1987.
Y así podría citar infinidad de canciones para los festivales de preescolar, primaria secundaria, pero hay una en específico que puede remitirme atemporalmente a la ética y los ideales de casi todos mis profesores, pasando por los de preescolar y primaria, la secundaria y la prepa hasta llegar a la vida universitaria (bueno, de aquí los cuento con los dedos de la mano); todo empezó por allí de marzo de 1993, en mi primer festival de primavera, el número principal fue basado en la letra de ´El Sol nace para todos´ del argentino Ricardo Ceratto, tema que fuera un éxito en nuestro país en el año de 1977, y que para una niña de seis años, lo poco que comprendía de la letra, era traducido en que el mundo no tenía peligros, sólo retos, los cuales, con el amor de los padres y la sabiduría de los maestros, podrían ser superados.
El descubrimiento monumental fue una tarde de vacaciones, encontré una caja de cassette con la pose de Conniff vistiendo una chaqueta negra a bordo de un vehículo blanco, la magia surgió en el momento en que sonó “Supersónico”,
María Guadalupe Colín Romero,
Columnista.
