Enero 15, 2026
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Praxis política


IMPULSO/ Francisco Javier Estrada

Un mexicano a dos siglos

Las biografías son tan importantes para educar a las nuevas generaciones por parte de la familia y por parte de los sistemas educativos, públicos y privados, por lo que pensar en José María Morelos a dos siglos es como creer que fue un personaje que nada tiene que ver con nuestra patria.

 

Todas las organizaciones públicas y privadas deberían de estar revisando lo que se hizo en este año por recordar a quien es el más grande independentista del siglo XIX.

A todos debiera de interesar el comprender por qué tuvimos tan grandes enamorados del movimiento de Independencia, pues lo vivieron desde su infancia, en sus primeros años, por ejemplo Benito Juárez García, que naciera en 1806, o los que forman la generación de la Reforma, hombres y mujeres que no se han vuelto a dar en México, para desgracia de nuestra moral republicana y para desgracia de la democracia que, debiera de sernos parte viva, en carne y sangre del comportamiento mexicano de este siglo XXI.

Al conmemorar con enojo y sorpresa lo vivido por Morelos antes de la fatídica fecha del 22 de diciembre de 1815, varios estudiosos nos han contado cómo se lo vejó antes de su fusilamiento, al más grande independentista, que el siglo 19 nos dio a México, el Siervo de la Nación; dando con ello prueba de que estaba presente una generación de hombres y mujeres que deseaba la libertad del imperio español, aún poniendo en ello sus mejores cualidades de guerreros y pensadores, así como su propia vida.

Al recordar estos días, queremos pensar que los independentistas fueron unos utópicos, en particular José María Morelos, que nació, creció y vivió con la idea de que éste podía ser un nuevo país con igualdad entre los pobladores, sin más distingo que el talento y la sabiduría, nunca por el rango económico, que se ha vuelto en México el peor lastre para que podamos aspirar a la justicia social.

Quienes somos orgullosos mexicanos pensamos en la herencia de lo que son las mejores batallas de don José María Morelos y Pavón, llamado, en un acto de humildad: “El Siervo de la Nación”. Recordándonos por otra parte, que en México la dualidad de demócratas y justos ha tenido en la otra parte tristes ejemplos como el pensar en Antonio López de Santa Anna, que se hizo llamar: “Alteza Serenísima”; sabemos a través de ello que no tenemos porqué recordar con afecto a quienes ejercieron la dictadura: Antonio, Porfirio Díaz o Victoriano Huerta, por lo que, en este día 22 de diciembre que está ya presente, debemos de sentir la conciencia de quien, amando a México, sabe que es mejor ser un mártir para ser admirado.

Convencidos que las luchas libradas contra el imperio, recorriendo el territorio nacional, fueron siempre, con el fin de dar dignidad al nuevo país —que él y los mejores independentistas de su tiempo hacían—, sin atender que en ello ofrendaban su vida en las primeras décadas del siglo XIX. Al recordar en este día su fusilamiento a manos de realistas españoles, recuperamos con gran admiración su vida ofrendada a México.

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