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Praxis Política


IMPULSO/ Francisco Javier Estrada

Seres que respiran luz

Muy pocos personajes son tan grandes como Mohamed Alí, sólo Nelson Mandela en estos tiempos.

Dos grandes por encima de quienes son parte de la historia de fin de siglo XX y de este que vivimos. La muerte de quien al principio se llamó Casius Clay, el mismo que en la década de los sesenta le quitara el cinturón de los pesos pesados a un gorila al que todos temían, Sonny Liston. 

Bien se recuerda que nadie quería ver el final de la primera batalla con este personaje tan temido. Los pesos pesados en el Box de aquellos tiempos era lo más respetado en todo el boxeo mundial.

En estos días se han estado pasando las películas de sus batallas en el ring. Primero para convertirse en campeón mundial de Box de los pesos pesados. En batallas que fueron de antología.

Siempre recordaré las que tuvo con Joe Frazer un peleador, un golpeador, una maquina de tirar y tirar golpes sin le que importaran los que recibía. Con Mohamed Alí tuvieron batallas que no se podían soportar tal cantidad de los golpes que uno y otro recibían. Todo es imborrable en el recuerdo.

Pero Alí siempre era el más grande de todos. Leo lo que el Beatle, admirado y genial, Paul McCartney dice de su visita que hicieron para conocer a Sonny Liston primero, del que dice salieron molestos pues “no habían congeniado”.

Así que se fueron a conocer a Casius Clay, y el hombre de su misma edad, tan joven como ellos, se puso a bromear. La foto hace aparecer que le da un golpe a Harrison, y como en dominó los otros en fila voltean la cabeza en relación a la de George para caer al piso, como relata Paul: Y siempre solía sacar un baraja de cartas del bolsillo, sin importar cuán elegante fuera la ocasión, y te hacía un truco”.

El ex Beatle calificó la leyenda del boxeo como una persona hermosa y amable. “Quería a este hombre”. Así aparece en una nota de El Universal el domingo pasado. Ante un ser de tal carisma, un personaje como Paul McCartney reconoce la grandeza de quien desde el Box hizo su leyenda.

Fue una lástima que la enfermedad de Parkinson le atacara hace más de tres décadas. Nos dejó sin la inteligencia suprema de un hombre que fue capaz de retar al sistema estadounidense, al negarse, cuando más grande era su boxeo por la juventud que destilaba por todos los poros.

Porque ciertamente había cambiado para siempre la idea del Box sólo como el intercambio despiadado de los golpes entre contrarios, para hacerlo un arte supremo: la mariposa que volaba alrededor del contrario, siendo eso, pero también un avispón que no perdonaba y picaba, picaba, hasta que el adversario caía. Inolvidable verlo pelear en aquellos primeros años de su juventud poderosa. Inolvidable verlo hablar y hablar a gritos con su enorme boca. Inolvidable dar lecciones, al cambiar su nombre de esclavo, por uno que lo liberaba.

Yo me preguntaba si no estaba en serio bien loco. Pero no era así. Ligado a la religión musulmana, fue esa religión la que le hizo negarse a ir a la guerra, pues no estaba dispuesto a matar a nadie sólo por el hecho de que su gobierno estuviera molesto contra los vietnamitas en esa década sangrienta donde el impero de USA tuvo la década sangrienta que le llevó a una de sus peores derrotas.

Pagó sus mejores años, como deportista, por ese choque contra el gobierno de Estados Unidos. Pagó duramente, hasta que la Suprema Corte de Justicia de ese país le reconoció que tenía derecho de conciencia a negarse a ir a matar ciudadanos que a Mohamed Alí no le habían hecho nada.

Este suceso debe de ser revisado a profundidad. Recuerda la oposición de Antigona contra su dios y su rey, por el deseo de dar sepultura a su hermano. Al que el Rey le ha destinado a ser comido por los buitres.

No podemos valorar lo grande que era Mohamed Alí, pues no se comprendía que en el ring golpeara a un contrario hasta vencerlo. Y no fuera capaz de ir a la guerra para matar contrarios. 

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