Rogelio Gómez Hermosillo
Parece imposible lograr bienestar y desarrollo sin crecimiento económico. Pero
vale la pena el debate porque tampoco es cierto que el crecimiento económico
por sí mismo asegure bienestar a la mayoría.
De entrada hay que aclarar los términos. El crecimiento económico se mide por
el incremento del Producto Interno Bruto, el famoso “PIB”. El
resultado para 2019 es de menos 0.1% respecto a 2018 Es decir, una caída de una
décima de punto.
Definir el “bienestar” es mucho más complicado. No hay una definición
oficial, ni acuerdo mayoritario en el ámbito académico o político.
Asumo que el gobierno quiere lograr reducir la pobreza y eso puede ser
equivalente a alcanzar mayor “bienestar”.
Si ese fuera el caso —como hipótesis— una de las ventajas de evaluar el
bienestar en relación con la reducción de pobreza, es que nuestro país cuenta
con una medición oficial.
Contamos con una medición de pobreza seria, confiable y comparable, basada en
una metodología multidimensional, que considera ingresos y carencias sociales
como salud, educación, vivienda, alimentación.
Y así como el PIB es medido por Inegi, también la medición de la pobreza en
México está a cargo de un organismo de Estado, con probada capacidad y
autonomía técnica y con autonomía. Es el Consejo Nacional de Evaluación de la
Política de Desarrollo Social, o Coneval.
La afirmación del presidente fue respuesta a una pregunta sobre la baja de 0.1%
del PIB. Su respuesta fue que aunque no hubiera crecimiento había más
bienestar.
Y esto es posible en este caso. Es probable que durante 2019 haya habido una
leve reducción de pobreza. No lo podemos saber con certeza basada en datos
comparables porque la medición del Coneval cubrirá el periodo 2018–2020 y se
conocerá hasta agosto de 2021.
Sin embargo, algo podemos anticipar. El Coneval también produce una medición
complementaria, más frecuente, el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza,
con base en ingresos laborales reportados cada trimestre en la Encuesta
Nacional de Ocupación y Empleo.
Esos datos muestran una leve reducción de la pobreza laboral desde fines de
2018 al tercer trimestre de 2019. El Observatorio de Trabajo Digno de la Acción
Ciudadana Frente a la Pobreza confirma ese ligero repunte en el ingreso laboral
durante 2019.
Así que con “otros datos”, pero de fuentes oficiales, de Inegi y
Coneval, es muy probable que aún sin crecimiento en 2019 sí haya menos pobreza
y por ende mayor bienestar.
Y por cierto, esto incrementa la relevancia de cuidar al Coneval pues renovará
la próxima semana a la mitad de su órgano directivo, formado por consejeros
académicos, que son el pilar de su autonomía. Para mantener su credibilidad y
la comparabilidad de los datos, es indispensable que los nuevos consejeros
tengan reconocida trayectoria académica y probada independencia frente a
partidos y gobierno.
Por supuesto si el estancamiento económico se prolonga varios años el resultado
no será el bienestar. Y menos aún si hay decrecimiento o crisis.
Pero lo importante es reconocer que el crecimiento económico no reduce la
pobreza “automáticamente”. No ha sido así en los últimos 10 años. De
2008 a 2018 el PIB se incrementó 20%, en promedio 2 puntos porcentuales por
año. La pobreza se redujo 2%, sólo 2 décimas de punto por año.
El debate relevante entonces es cómo lograr crecimiento con bienestar. No
cualquier crecimiento reduce pobreza.
La respuesta es un crecimiento que además de lo obvio: inversión y
competitividad, respete derechos laborales. Crecimiento económico con más
productividad y también con salario suficiente, seguridad social, contratación
estable.
Crecimiento económico con trabajo digno, esa es la fórmula para lograr
bienestar.
Twitter: @rghermosillo
